domingo, 14 de julio de 2013

RECUERDOS

RECUERDOS

 





El sol se tiñó de oscuridad antes que la nevada irrumpiese de forma inesperada, pues nada en el clima predecía la llegada del invierno. Los relámpagos invadieron con destellos índigos la bóveda celeste. El intenso frio avanzó vistiendo el paisaje de blanco. La tregua ofrecida ese año a la verde naturaleza, apenas inapreciable, se convirtió en un mal augurio.
Aquel día señalado imponía respeto a las gentes sencillas, pero no todos lo temían.
Tres siglos de relativa paz, extendidos por toda Shima como una funesta enfermedad, contribuyeron a olvidarla. Nadie creyó que la amenaza regresase, salvo unos pocos que conocían su destino, dieron por zanjada su época.
Ella no poseía el don del descanso eterno. La diosa señalaba el día del despertar. Su alma se reclamaba para volver a luchar.

 “Abrí los ojos cansada. ¿Dónde estaba? La habitación espaciosa y tallada en madera de color canela me asombró por su sencilla perfección. El gran ventanal en frente de la mullida cama donde me encontraba filtraba la luz que bañaba la estancia, desprovista de muebles. Me incorporé sintiendo una gran extenuación en todos mis músculos. La madera bajo mis pies me reconfortaba con percepciones cálidas y espumosas. La luz azulada entrante me hipnotizaba. El jardín, recubierto por una gruesa capa de nieve virgen, aún acogía a pequeños copos. Al acercarme más a los fríos cristales me vi; ¿quizás, por primera vez? Una mujer rubia de cabello largo, ojos azules y expresión triste. ¿Esa era yo?”
En aquel mismo instante otra mujer más baja, de pelo largo y negro entró en la habitación, conocía su deber con la recién llegada.
Lin, de menor estatura y pequeños ojos negros e inteligentes, poseía un cuerpo fibroso por su condición de espadachín. El momento que tanto ansió, se aproximaba. Después de varios días velando su sueño ahora por fin miraría directamente a los ojos de la leyenda. Su excitación, temor y odio se fundían en un mismo sentimiento ahogándola.
“Alguien entró en la habitación, notaba su presencia como una agradable fragancia. Al girarme vi a una mujer de ojos almendrados y brillantes contemplándome desde la puerta corredera. Acto seguido, ésta se puso el puño en el corazón e inclinó la cabeza en señal de respeto, manteniendo su mirada clavada en la mía. Con el recuerdo del frío brillo de sus ojos volví la vista al jardín nevado. Era extraño, no sabía quién era ni de dónde venía pero por alguna misteriosa razón todo me resultaba familiar, todo menos mi reflejo.”

El trascurrir del tiempo marcó el olvido del funesto día. Ninguno de los habitantes del valle de Cromón se atrevió jamás a tachar de culpables a los dragones, dioses indiscutibles en Shima.
Mientras, en la gran fortaleza la vida se seguía su curso. Sus habitantes, menos la decena de humanos, ignoraban a la extranjera. Al principio mostraron cierta curiosidad al comprobar, para su asombro, como su capitana no sólo trataba con ella; sino que, además la entrenaba día y noche. Recelosos de la procedencia de la forastera, pues las aptitudes para la lucha que manifestaba dejaban claro que no era humana, nunca las importunaron. Conocedores del frío y letal carácter de la protectora Lin, simplemente se desentendieron de aquel asunto.
Su raza no se mezclaba con ninguna otra, y menos aún con la vulgar; tampoco pedían explicaciones puesto que era una sociedad de jerarquía estricta y militar. Todos vivían y morían para la guerra.



“Ha pasado mucho tiempo desde que desperté en esta habitación. Nada en ella ha cambiado, ni en mí. Sigo sin recordar quién soy y me he cansado de preguntar, nadie me contesta. La mayoría de los que viven aquí son Hsias; ellos me ignoran. Sólo Lin y los humanos me miran a los ojos. 
Día tras día observo mi reflejo en el cristal del ventanal y no consigo reconocerme. Me llamo Lyan, porque con ese nombre Lin se dirige a mí, los demás apenas me hablan. 
En mi espalda llevo tatuado un enorme dragón gris en apariencia dormido. ¿Quién me lo hizo? Lin se encarga de enseñarme a luchar, apenas conversamos; no hago más que entrenarme. ¿Por qué he de aprender a matar?...
Al principio fue duro, ahora me aburro en sus clases y mi mente vuelve una y otra vez al inicio de mis recuerdos: la luz azulada que entraba por este ventanal el día que desperté. 
No soy un Hsia, puesto que físicamente no nos parecemos. Ellos son morenos, de pelo negro o castaño, ojos almendrados y oscuros. Todos los que hay en esta fortaleza son guerreros, creo que la raza entera lo es. Silenciosos y sistemáticos unidos como una única conciencia en acción. He escuchado muchas veces cuchichear a los humanos entre ellos, los llaman asesinos, les temen. Por extraño que parezca yo no.
Tampoco soy humana, mis heridas cicatrizan en segundos para luego desaparecer, según Lin viviré mientras mi creador viva o no me hieran de muerte.  Esto es una de las pocas cosas que me ha contado, tanto ella como el resto guardan un sepulcral silencio sobre mí o mí pasado. 
Mis ojos parecidos a los de los humanos de estas latitudes irradian una tenue fosforescencia azulada en la oscuridad. ¿Quién es mi creador? ¿Mi padre? ¿Un dragón? ¿Y mi madre? Tantas preguntas sin respuestas, nada tiene sentido en este lugar. Pero algo me empuja a seguir, ha aprender, a vivir…
Mis pesadillas han aumentado… 
En el escaso tiempo libre que poseo recorro las murallas de la fortaleza. Nunca las he traspasado. Tras ellas el bosque se extiende denso y amenazador. En mis largos paseos una gran águila blanca me acompaña. Hay inteligencia en la ferocidad de sus ojos ambarinos.”



Hace tres días empezó a nevar. El jardín casi parece el mismo que cuando desperté. El cristal frío me refleja como el primer día que me vi. Me buscan, lo presiento. Estas últimas semanas mis pesadillas no sólo han incrementado sino que además se han vuelto reales. Todas relacionadas con masacres, batallas, imágenes de cuerpos desmembrados y en todos mis sueños aparece una mujer de melena azabache, con los ojos grandes y del color del océano enfurecido, de piel canela y toda vestida de negro. Siempre me mira con desprecio y se ríe cuando aparto la vista de los muertos. No sé quién es. Pero conoce mi nombre. Al despertarme siempre aparezco con las mismas heridas que ella sufre en sus enfrentamientos.”

Elrick

(Fragmentos) 




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