jueves, 10 de octubre de 2013

CONCURSO AIMALES: FULKAN



AUTOR: AVEN

 



Un dragón. A simple vista podía parecer un dragón normal, pequeño incluso si tenemos en cuenta a otros especímenes de su raza y algo torpe, demasiado para su grupo, que no dudó en abandonarlo con sólo unos pocos años de vida. Era costumbre entre los dragones que llegado su momento se retiraran a una cueva a dejarse morir y aunque Fulkan aún era demasiado joven para ello no tenía ningún motivo para seguir en este mundo.

Fue entonces cuando Rino lo encontró, oculto en la cueva donde aguardaba a la muerte.

Rino dudó por un momento, pero la curiosidad era mayor que el temor.
Nunca antes había visto un dragón y era algo por lo que valía la pena arriesgarse. Si tan sólo conseguía una de sus brillantes escamas podría volver al pueblo del que le habían echado. Sin familia, sin oficio, nadie quería soportar una carga como esa y menos con el invierno por llegar.

-No sigas por ese camino humano- rugió el dragón. Rino sobresaltado empezó a correr, salvo que en la dirección equivocada y se estrelló contra el cuerpo aún adormecido de Fulkan. Y fue precisamente esa torpeza la que le salvó la vida. Los dragones no tenía especial apreció por los humanos ni por ninguna otra criatura pero Fulkan lo miró con tristeza mientras se veía reflejado a él mismo abandonado por su grupo.
Lento y patoso para los de su especie. Y fue precisamente en ese instante cuando una conexión especial unió sus destinos para siempre.

Desde ese día, hacía ya varios años, Fulkan permaneció al lado de Rino como su amigo, como su protector.

Se acercaba el invierno y los nubarrones de tormenta no auguraban nada bueno. El viento frío lanzaba las pequeñas gotas de lluvia contra las escamas del dragón como si fueran dagas de hielo y la oscuridad poco a poco se adueñaba del interior del bosque. Rino ya debería haber vuelto.
Desde que lo expulsaron del pueblo sólo había regresado en dos ocasiones. La primera para recuperar el viejo baúl de su abuelo y la segunda, hacia apenas unos días, para la fiesta de la Oscuridad. Era el único recuerdo que guardaba de su infancia con sus padres.

La tormenta cada vez tenía más fuerza. Los árboles zarandeados por las ráfagas de viento hacían crujir sus ramas contra la dura roca del suelo.
Los rayos centelleaba e iluminaban fugazmente el interior del bosque dándole un aspecto aun más tétrico del que tenía a la luz del día. Si Rino estaba de vuelta no aguantaría mucho tiempo con vida.

Si pensárselo dos veces Fulkan salió de la cueva y empezó a sobrevolar el bosque.

En un día normal Fulkan habría recorrido la distancia hasta el pueblo en poco menos de una hora pero de noche y con unas ráfagas de viento cada vez más fuertes volar se hacia casi imposible. La escarcha empezaba a cubrir sus alas y cada vez se sentía más agotado, ráfaga tras ráfaga Fulkan intentaba descubrir la silueta de Rino en la oscuridad hasta que llegó al centro del bosque. Allí todo parecía en calma, ni viento ni dagas de hielo clavándose en sus doloridas escamas brillantes. ¿Que clase de tormenta era aquella? A lo lejos vió el cuerpo inconsciente de Rino caído en la nieve que cubría ya gran parte del suelo. Se acercó y apenas pudo percibir el débil latido de su corazón, la poca vida que le quedaba estaba abandonando su maltrecho y herido cuerpo.

De todos es sabido el gran poder de los dragones, algunos con una magia tan poderosa y antigua que cualquier mago desearía poseer. Otros destacan por su enorme inteligencia, acumulada en el transcurrir de los siglos y sin embargo Fulkan sólo tenía el don de la vida. Ni magia ni inteligencia, pero Rino no hubiera podido encontrar un compañero mejor.
Sin embargo el don de la vida es algo que hay que tratar con cuidado, no se puede jugar con la muerte que siempre reclama lo que es suyo.

En el último momento Rino consiguió abrir los ojos con una energía nueva y desconocida. Sólo alcanzó a ver un enorme destello de luz en el centro del bosque. Fulkan le había otorgado el don de la vida.


Relato participante para la Asociación SOS Golden
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