lunes, 7 de octubre de 2013

CONCURSO ANIMALES: MI ESTRELLA



AUTOR: MORPHINE   


     No recuerdo bien cómo fueron los años anteriores a mi llegada a aquel balcón. Desde allí podía ver como las personas iban y venían sin cesar. Siempre buscaba que sus miradas se encontraran con la mía pero nunca llamaba su atención. Mis dueños a veces salían a hacerme compañía e incluso alguna vez fuimos de excursión al campo.
Aquellos paseos terminaron cuando un día quise investigar más por mi cuenta y de entre unas maderas salió un animal que se abalanzó sobre mí, no lo vi llegar porque fue muy rápido y me mordió la nariz… Mis dueños se enfadaron muchísimo y me dejaron encerrado entre esos barrotes mucho tiempo… Cada vez me dolían más los huesos y la lluvia me empapaba todo el cuerpo, pero pronto me perdonaran, estoy seguro.
     Un día una señora se puso a gritarle a mi dueña desde la calle. Yo la vi e intenté ladrar pero hacía tiempo que no podía hacerlo, mi garganta ya no producía ese sonido, en parte mejor porque era algo que a mis dueños no les gustaba y siempre me pegaban si armaba alboroto. Mi dueña salió al balcón conmigo y desde allí muy enfadada le grito a la mujer que se fuera y de paso me dio un manotazo, ¿tendría que haberle ladrado a esa mujer? Otra vez lo había hecho mal…

    Al día siguiente me despertó mi dueña, me cogió rápidamente y bajamos a la calle. No entendía nada y en ese momento solo disfrutaba de su calor, ya no recordaba qué se sentía en sus brazos… Salimos de casa y muy rápido recorrió el barrio para parase a gritar debajo de otro balcón, “¡Tómalo! Es tuyo por que yo no lo quiero pero tienes que llevártelo hoy, estoy harta de este perro”  ¿Estaban hablando de mi?
Enseguida vi como una señora se asomaba y rápidamente volvía a desaparecer. Al cabo de un momento estaba a nuestro lado y me cogió con mucha fuerza. Sin decir ni una sola palabra me abrazó y fuimos a su casa. Allí me esperaba una chica que nada mas verme me cogió y me empezó a dar besos, yo no entendía la situación pero sólo sabía que me gustaba, ojala ese momento hubiese durado eternamente…

     Me duchó y mientras me enjabonaba sentí que quería estar con ella toda la vida, sus ojos me miraban con mucho amor y a la vez masajeaba mis huesos y contemplaba mi calvicie sin importarle. Me dieron de comer cosas sabrosas que enseguida engullí (nunca había tenido el estomago tan lleno)
Me pusieron una cuerda al cuello y querían que las siguiera pero mi cuerpo no me respondía como hubiese querido, me caía al suelo y solo quería descansar. Esperaba haber defraudado a la humana pero para mi sorpresa me dio un beso en la nariz y me susurró al oído “Tranquilo, te pondrás bien” y con esas palabras me dormí y me dejé llevar.
Fuimos a un sitio donde había varios perros y al cabo de un rato un hombre bastante simpático se acercó a mí y me subió a una mesa muy fría. Empezó a tocarme la columna, las patas y la nariz… Yo miraba a mi lado y veía a la humana con esa misma mirada, me tranquilicé. Me pincharon pero ella me cogió con tanta ternura que ni me dolió. Entre ellos hablaban y mostraban algo de preocupación “Es por la picadura de un mosquito, seguramente por estar a la intemperie… La anemia viene cuando no se trata y tienen mala alimentación”  Pero si yo ya estoy bien, sólo necesito descansar con ella a mi lado, seguro que ahora todo va a mejor…  Pensaba. Ya sólo tenía ojos para ella, parecía que se había convertido en mi nueva dueña… y me encantaba.

     A partir de ahí nunca volví a vivir en un balcón, mi nueva dueña me daba de comer cosas muy sabrosas y especiales para mí, no me quedaban muchos dientes pero ella lo sabía y me daba comida blanda. Me empezó a llamar “Sefi” y yo la seguía donde hiciera falta. Tenía muchas menos calvas e incluso un día me llevó a la peluquería, después de eso la gente por la calle me decían palabras bonitas y los niños (que me gustaban mucho) me acariciaban sin miedo. Salíamos a pasear aunque a veces me cansaba mucho y acababa en sus brazos, yo me acurrucaba en su pecho mientras me decía “Sefi, mi niño, descansa que hoy hemos ido un poquito más lejos” Y así sucedían los días para mí, conocía a mucha gente que me acariciaba y jugaba conmigo así que yo era feliz, ya sabía lo que era eso.


     Visitábamos muchas veces al hombre simpático, me pinchaba y me hacia cosas extrañas. Aunque un día la visita fue diferente y mi dueña se entristeció mucho. Luego le daré muchos besos a ver si se anima, pensé.
Con el paso del tiempo fui notando como mi cuerpo volvía a debilitarse y ya no podía controlar mi vejiga, al dormir se me escapaba todo y cuando ella se despertaba esperaba que se enfadara conmigo pero me limpiaba, secaba y me miraba sonriendo diciéndome que no pasaba nada. Al cabo de poco tiempo mis patas ya no me respondían y sentía que el dolor que había tenido en el pasado volvía a aparecer… Ya no podíamos salir a la calle como lo hacíamos antes y mi dueña me cogía en brazos y volvíamos a hacer los mismos recorridos como si no pasara nada.
Me llevó con un amigo perruno a ver si me animaba. Al entrar en su casa saqué todas las fuerzas de mi interior y nos pusimos a jugar, cuando empecé a correr (no me lo podía creer, podía hacerlo) sentí que era el perro más afortunado del mundo. Nos revolcamos y jugamos a la pelota mucho rato. Después mi cuerpo volvió a traicionarme y me paré en seco para vomitar una sustancia roja que hizo que mi dueña se volviera a entristecer…
     Ya no podía ver bien, una oscuridad me nublaba la vista pero sabía que estaba con ella. Fuimos donde el hombre simpático pero el también estaba triste y me dejó encima de la mesa fría solo. De repente entró ella y acurrucó su cabeza contra la mía. Me dolía todo el cuerpo pero sus besos eran cálidos y sus palabras fueron éstas “ Sefi, eres un luchador y has sido el mejor perro del mundo, adonde vas ya no hay dolor y sufrimiento, te mereces ser feliz siempre” Ya no podía mantener los ojos abiertos y la negrura absoluta ya no me dejó ver nada más, solo tenía paz interior…

     Desde dónde estoy la veo, es un mundo genial y divertido donde hay muchos perros para jugar… Seguro que a ella le gustaría estar aquí. Siento que me echa de menos pero ya no siento dolor, como me dijo. La observo todos los días y me siento orgulloso de decirle a todos mis compañeros que ella es mi dueña. Sé que desde que me fui intenta ayudar a otros animales y me da las gracias a mi por haberme conocido, yo se las doy a ella todos los días por haberme enseñado que no todos los humanos hacen daño. Algún día volveremos a estar juntos y podremos correr sin cansarme, podré darle besos infinitos y podré volver a acurrucarme en su pecho. Ahora la cuido desde aquí porque yo soy su estrella y estábamos destinados a encontrarnos antes de que yo partiera.


 Relato concursante para la Asociación Animals Sense Sostre
                                                                                                                                         


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