miércoles, 6 de noviembre de 2013

CONCURSO ANIMALES: BRAN

LA HISTORIA DE BRAN, CONCURSO DE RELATOS DE ANIMALES
AUTOR: Isabel Ladelarco



LA HISTORIA DE BRAN




        Me llamo Bran , y mi historia es tan cierta como que soy un bulldog francés.
        Desde cachorrito me recogió un hombre peculiar, andaba siempre en la cocina, removiendo cacharros y intentando inventar recetas nuevas y sabores diferentes. Yo vivía feliz, pues no había conocido nada más, nunca tuve una caricia, ni un abrazo, a veces incluso no sé si era consciente de que yo existía, pero como sus guisos nunca resultaban lo suficientemente buenos, como para servirlos a sus clientes, me llenaba mi pequeño cuenco del resultado de sus inventos: Hacía una masa pastosa con tropezones que a mi me resultaba de lo más exquisita, pero con la que mi dueño nunca quedaba satisfecho, ni siquiera viendo que yo apreciaba muchísimo su receta, y la repetía una y otra vez, yo observaba sus movimientos y me relamía, moviendo la cola, porque conocía todo el proceso: ponía la masa en la sartén, la masa se pegaba a los bordes y al fondo, dejando un sabor un poco amargo pero que yo acababa devorando con gusto.
        Un día, después de otro fracaso, mi dueño el cocinero se enfadó, lanzó todos sus enseres y salió de la casa, Intentando buscar la inspiración fuera de esas cuatro paredes. Yo salí detrás de él , me costaba muchísimo seguirlo con mis patitas cortas, pero él estaba tan ofuscado que caminaba y caminaba sin parar y ni siquiera me veía, empezaba a llover cuando conseguí alcanzarlo, estaba mirando el mar, intenté avanzar hacia él y mis patas se hundieron en la arena…oooh! Sentí pequeñas cosquillas en todos los poros de mi piel, así que me agaché lentamente y giré, la arena se colaba por todo mi cuerpo, pegándose a mi , pegándose a mi pelo mojado, haciéndome unas cosquillas terribles, entonces por primera vez, sonreí, sonreí como sólo los perros felices saben hacerlo, y miré a mi dueño..la expresión de su cara había cambiado, me cogió en brazos, me acarició, me abrazó y diciéndome, buen perro, volvimos a casa.
        Jamás había sentido un amor tan grande al recibir una caricia, ni siquiera mi cuenco lleno había hecho que me sintiera sí, no recuerdo ningún momento tan especial en todos los años que pasé a su lado, un recuerdo que quedaría siempre en mi memoria. Cuando llegamos a casa, me sentó a su lado en la cocina, sacó aquella masa que tanto me gustaba… yo me relamí y moví la colita, pensando que todo seria como siempre y acabaria zampándome su guiso..pero esta vez no, me miró y sacó del armario unos huevos , pan rallado y cogiendo la masa la moldeó hasta darle la forma de mi cuerpo, rechonchito y chiquitín y lo volteó por el pan rayado de la misma forma que yo me había revolcado en la arena, y lo metió en la sartén…
        Durante días estuve esperando delante de mi cuenco vacío, jamás volvió a darme la comida que le sobraba, mi dueño empezaba a ser famoso por su receta (creo que acabó llamándola croqueta) y se olvidó de mi.
        Yo, que durante años fui el único que apreció sus guisos, que fui su fuente de inspiración, me vi sólo y pasando hambre, en la mas absoluta de las miserias, así que, como nunca he sido de compadecerme, salí de casa a buscar algo de comer, vagué por las calles hasta que un coche me golpeó en la parte de atrás de mi pequeño cuerpo.. a partir de aquí podría contaros otra historia de lucha y coraje, de emociones, pero no es el caso..me recogió “el club de kat”, una asociación para animales como yo, y mi vida ahora está completa, cuando quiero sentirme como la primera vez que sentí una caricia, vuelvo a voltearme en el suelo, y siempre funciona.
        Soy un perro afortunado. Ahora vivo en una casa de locos, rodeada de grandes compañeros, mi cuenco siempre está lleno de comida especial para perros, porque la dueña de la casa no inventa nada y tira mucho de congelados, todo el mundo sabe quién soy, de donde vengo y quién fue en realidad el inventor de la receta de mi antiguo dueño, pues dicen que soy famoso en facebook por mis croquetas.



Relato participante para la asociación El club de Kat

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