viernes, 8 de noviembre de 2013

CONCURSO ANIMALES: TRUFO

TRUFO, CONCURSO DE RELATOS DE ANIMALES
AUTOR: Trufico



TRUFO, MEDICINA




        El Yuyu era el rey de la casa. Con doce años, nos había proporcionado muchos momentos de felicidad. Pero, desde hacía dos años, estaba muy enfermo, ciego y sordo, y con una insuficiencia cardiaca que le hacía estar todo el día tumbado en su alfombrilla, sin moverse. Estaba desahuciado, pero seguía vivo. Por aquella época una amiga nos ofreció un cachorro de labrador, Trufo, con el que no sabía que hacer. Nos lo quedamos, pensando que el Yuyu estaba muriendo, y que, haciendo un esfuerzo, Trufo encontraría un hueco en casa, si bien no podíamos manejarnos con dos perros, pero iba a ser por pocos días.
        Y Trufo, con mes y medio, aterrizó en el salón. Se acercó al Yuyu, lo olió, e inmediatamente decidió que aquel viejillo moribundo era su padre, por lo que obró en consecuencia, acurrucándose junto a él, pese a los gruñidos de protesta. Y, en ese mismo momento, se obró el milagro. El Yuyu, renqueando, se levantó y fue a buscar su juguete favorito, seguido, por supuesto, por el cachorro, que daba saltos de alegría.


        Fueron pasando los días, y el Yuyu, en su papel de padre, se levantaba, avisaba, se movía, enseñando al Trufo lo correcto y lo que no se podía hacer. Comían juntos, empezaron a jugar a ratos, y, poco a poco, gracias al ejercicio, el corazón del viejillo resucitó, y la actividad volvió al cuerpecillo medio muerto.
        Y así pasó un año, un año entero lleno de felicidad. El perro joven se convirtió en el lazarillo de su “padre”, que estaba ciego, lo acompañaba, jugaba con él, no le quitaba ojo, respetaba su autoridad, pese a ser del triple de tamaño… Y los demás mirábamos asombrados y felices el milagro.
        Yuyu murió un año después, un año lleno de juegos y alegría. Fue enterrado en la sierra, bajo un manzano, cuyos frutos vuelven a nosotros cada verano. Y Trufo, nuestro rescatador, lloró durante muchos días su orfandad, sin querer comer ni jugar. Siempre que vamos al pueblo, nuestro Perro Medicina acude, raudo, bajo el árbol donde descansa su padre, escarba un poco, da varios saltos y ladra, contento, a la vida y al recuerdo del perrillo desahuciado al que él, sin esfuerzo, le regaló un año entero de felicidad.



Relato participante para la asociación ANUA (animales nunca abandonados), Almería

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