domingo, 1 de diciembre de 2013

CONCURSO ANIMALES: NOVIEMBRE


AUTOR: BICHA


NOVIEMBRE


       Es septiembre y acabamos de nacer mis hermanos y yo. Mi mamá nos dice mientras amamantamos que vivimos en un lugar muy bonito, con un precioso jardín y un huerto. Dentro de una semana, oiremos muchas voces, pero no debemos asustarnos, nos cuenta. Son niños que regresan a la escuela y ellos son buenos, dejan comida por todas partes a la hora del recreo. Cuando tengamos edad suficiente, ella nos enseñará cuándo será prudente salir y encontrar esos restos de almuerzos tan ricos. Mientras tanto, el huerto nos dará refugio, por ahora nadie vendrá a cultivar nada allí.

…...

       Han pasado dos meses, mis hermanos y yo ya salimos a jugar por el huerto algunas tardes. Mi madre dice que mañana haremos una salida a la hora del recreo para buscar los trocitos de delicias que los niños dejan caer al suelo. Tengo dos hermanitos atigrados casi como mi mamá y yo soy negro. Mi papá debe ser ese gato grande y oscuro que ronda por las calles aledañas a la escuela y que a veces se da una vuelta por el patio donde vivimos. No es muy sociable, pero me cae bien.

…...

       Llevamos varios días asomándonos a la hora del recreo. Los niños se ponen muy contentos al vernos y nos echan trocitos de jamón o de pan. Mi madre nos ha advertido que, aunque parezcan simpáticos, no nos acerquemos a ellos, pues no los conocemos lo suficiente. Siempre dice que lo más seguro para un gato callejero es la desconfianza. Corremos por el jardín y los niños nos siguen, no parecen tener malas intenciones, pero mejor hacer caso a mamá. Nuestra agilidad hace que nos pierdan pronto la pista, ¡esto es muy divertido!

…...

       Hoy ha pasado algo muy raro a la hora en que todos se marchan a casa. Mis hermanos y yo hemos salido con el silencio, como siempre, a buscar algún resto de almuerzo más. De repente hemos encontrado un manjar muy apetecible dentro de un tubo con rejas. El tubo estaba abierto, mis hermanos han entrado primero y yo he esperado por si venía alguien. De repente, una puerta metálica ha cerrado la entrada al tubo con un gran ruido y he saltado por instinto a esconderme.
¡Mis hermanos están ahí dentro! Llamé a mamá con todas mis fuerzas, pero dos hombres vinieron y levantaron el tubo enrejado con mis hermanos dentro. ¡Se los llevan!
       Cuando se han ido, he salido de mi escondite y he buscado a mi madre. Le he contado lo que ha ocurrido y ella ha suspirado. Cuando ella era pequeña, me explica, también hicieron lo mismo con sus hermanos. Nunca los volvió a ver y aunque volvieron varias veces esos hombres a poner el tubo, que se llama jaula, ella no entró ahí y por eso se salvó. Al cabo del tiempo, los gatos del lugar le contaron lo que ocurría. Aquello era un colegio donde, a pesar de enseñar a los niños el amor a la naturaleza, los directivos consideraban a los gatos del jardín como una plaga y llamaban a los exterminadores que cazaban con esa jaula a los gatos y nunca más se volvía a saber de ellos...
       Me he puesto muy triste, pero mamá dice que si soy más listo que ellos y no me dejo vencer por el hambre, me quedaré allí para siempre con ella.
Mira esa mujer, me dice mi madre, es una maestra y fue la única persona que lloró el día que se llevaron a tus hermanos; se dio cuenta ese día de lo que ocurría aquí. Mientras nos alejamos por el patio, me dice que puede que haya un rayo de esperanza para nosotros...

Relato participante para la asociación: Sociedad Protectora de Animales y Plantas de Villena (Alicante)
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